jueves, 30 de julio de 2009

TORNADOS

Combinando las capacidades de dos observatorios, un grupo de astrónomos ha encontrado, al fin, una supernova reciente, de entre las varias que debieron de haber tenido lugar en los últimos 330 años.

Prefacio del editor: Durante mucho tiempo, los astrónomos creyeron que las explosiones de supernovas suceden dos o tres veces por siglo en la Vía Láctea. Llegaron a esa conclusión observando otras galaxias similares a la nuestra y contando las estrellas a medida que explotaban. Pero esto dio lugar a un misterio: la última vez que alguien vio la explosión de una supernova en nuestra galaxia fue en el año 1680, hace casi 330 años. Entonces, ¿dónde están las supernovas perdidas de la Vía Láctea?

Finalmente, una de ellas ha sido encontrada. Usando el Observatorio de Rayos X Chandra (que es un telescopio de rayos X en el espacio), de la NASA, y el radiotelescopio de Muy Largo Alcance (VLA, en idioma inglés), del NRAO (National Radio Astronomy Observatory, en idioma inglés - Observatorio Nacional de Radioastronomía, en idioma español), ubicado en Nuevo México, un grupo de astrónomos localizó los restos de una supernova reciente, escondida en un denso campo de gas y polvo cerca del centro de nuestra galaxia. Lea la historia de hoy para aprender cómo una "cacería galáctica" que ha durado décadas finalmente logró capturar a su presa.

Se ha descubierto la supernova más reciente en nuestra galaxia rastreando la rápida expansión de sus restos. Este resultado, obtenido por medio del Telescopio de Rayos X Chandra, de la NASA, y del radiotelescopio de Muy Largo Alcance, del Observatorio Nacional de Radioastronomía, ayudará a mejorar nuestro entendimiento sobre cuán a menudo se producen las explosiones de supernovas en nuestra galaxia, la Vía Láctea.

La explosión ocurrió hace alrededor de 140 años, lo que la convierte en la supernova más reciente de la Vía Láctea, medida de acuerdo con el calendario de la Tierra. Previamente, la última supernova conocida en nuestra galaxia ocurrió alrededor del año 1680; este cálculo se basa en la expansión de su remanente, Casiopea A.


El joven remanente de supernova G1.9+0.3 se halla escondido en los campos de polvo del centro galáctico.

Los astrónomos identifican los restos de esta joven supernova como "G1.9+0.3". Los números indican las coordenadas de la nube de desechos galácticos en expansión de la supernova, que se localiza a una gran profundidad en el corazón de la Vía Láctea. La explosión en sí misma no fue observada porque ocurrió en un denso campo de gas y polvo. Esto disminuyó la percepción del objeto en un factor de un billón en las longitudes de onda de la luz visible, en comparación con una supernova sin oscurecimiento. Sin embargo, el remanente del objeto se puede observar con telescopios de rayos X y con radiotelescopios.

"Podemos ver algunas explosiones de supernova con telescopios ópticos a medio universo de distancia pero, cuando se encuentran en esta oscuridad, escapan a nuestra vista aun en nuestro patio trasero", dice Stephen Reynolds, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Raleigh, quien dirigió el estudio llevado a cabo con el telescopio Chandra. "Afortunadamente, la nube de gas en expansión que se produjo luego de la explosión brilla intensamente en longitudes de onda de radio y también en rayos X durante miles de años. Los radiotelescopios y los telescopios de rayos X pueden ver a través de toda esa oscuridad y nos muestran lo que nos hemos perdido".


INDICE DE NOTICIAS

Los astrónomos observan supernovas regularmente en otras galaxias como la nuestra. Tomando como base tales observaciones, los investigadores calculan que alrededor de tres supernovas explotan en nuestra galaxia cada 100 años.

"Si esta tasa de supernovas es correcta, debería de haber remanentes de aproximadamente 10 explosiones de supernovas que son más jóvenes que Casiopea A", dice David Green, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, quien dirigió la campaña de observación con el radiotelescopio de Muy Largo Alcance. "Es fantástico haber podido encontrar finalmente una de ellas".

La búsqueda de este objeto comenzó en 1985, cuando un grupo de astrónomos dirigidos por Green utilizó el radiotelescopio de Muy Largo Alcance para identificar el remanente de una explosión de supernova cerca del centro de nuestra galaxia. Tomando como base su tamaño relativamente pequeño, se pensó que el remanente era el resultado de una explosión de supernova ocurrida entre 400 y 1000 años atrás.

Veintidós años después, las observaciones hechas con el telescopio Chandra revelaron que los restos de la supernova se expandieron de un modo sorprendente desde 1985 (aproximadamente un 16 por ciento). Esto indica que el remanente de supernova es mucho más joven de lo que se pensó con anterioridad.


Imágenes de la cáscara en expansión de la supernova obtenidas con el telescopio Chandra, en 2007. El círculo central traza el tamaño aproximado de la cáscara, en 1985.

La corta edad del evento fue confirmada hace algunas semanas cuando el radiotelescopio de Muy Largo Alcance fue nuevamente utilizado para hacer mediciones. Al comparar los datos, se pudo confirmar que la edad del remanente es de alrededor de 140 años —posiblemente menos si se ha ido desacelerando— lo cual lo convierte en la explosión de supernova más joven de la que se tenga registro en la Vía Láctea.

Además de tener el récord de la supernova más joven, el objeto es de considerable interés por otras razones. La alta velocidad de expansión del remanente y las energías extremas de las partículas que se han generado no tienen precedente y deberían estimular programas de estudio más exhaustivos de este objeto con el telescopio Chandra y con el radiotelescopio de Muy Largo Alcance.

"Ningún otro objeto en nuestra galaxia posee estas propiedades", dice Reynolds. "Este hallazgo es extremadamente importante para aprender más acerca de cómo explotan algunas estrellas y qué sucede después de la explosión".


La fuerza del Tornado...espacial.

Las sondas THEMIS detectan gigantescos vortices de plasma conectados al campo magnetico terrestre.

Los tornados son uno de los fenomenos atmosfericos mas espectaculares que podemos observar en nuestro planeta, vortices que tocan la superficie con vientos de enorme potencia y que una vez se ponen en marcha no se puede hacer otra cosa que apartarse de su camino, pues su fuerza destructiva es colosal...pero si estos nos parecen poderosos, que diriamos si ante nosotros se elevara uno con vientos no ya de 300 sino hasta la terrorifica cifra de casi 2 Millones de Kilometros por Hora? No es simple teoria, sino una realidad, pero afortunadamente una bien alejada de nuestro planeta.

Este es el ultimo descubrimiento de THEMIS, una constelacion de 5 sondas trabajando conjuntamente y que tienen como mision estudiar el espacio cercano a la Tierra, su campo magnetico, la interaccion de este con el viento solar y los mecanismos que hay detras de las tormentas geomagneticas y las Auroras.

Durante su viaje alrededor de nuestro planeta las THEMIS cruzaron a traves de unos inesperados vorticas de plasma caliente, tan grandes como la propia Tierra, y que rotaban a velocidades de casi dos millones de kilometros por hora...no solo eso, sino que se mostraron como gigantescos generados de electricidad, detectandose corrientes de hasta 100.000 Amperios que fluian hacia nuestro planeta siguiendo las linias del campo magnetico terrestre.¿Pueden ser estos monstruosos "tornados espaciales" una de las fuentes de energia de las tormentas geomagneticas y las Auroras con ellas relacionadas? Si fuera asi habriamos dado un paso decisivo para resolver un misterio de decadas de duracion.

Detectados por las sondas a unos 40.000 Kilometros de la Tierra, los observatorios terrestres que trabajan conjuntamente con ellas confirmaron que los "tornados espaciales"estan conectados con la Ionosfera de nuestro planeta. Podemos decir, pues, que tenemos una nueva pieza del complejo puzzle que es la relacion entre nuestro planeta y el Sol, y con ella puede que estemos un poco mas cerca de entenderla completamente.



Tornados en Marte: dust-devils

Tanto en la Tierra como en Marte, el viento es un agente erosivo importante, que contribuye a los procesos de erosión y sedimentación. Mientras que en nuestro planeta el agua, hielo o la vegetación juegan también un importante papel en dichos procesos, en Marte puede decirse que el viento es posiblemente el agente geológico más importante que modela la seca y fría superficie de este mundo.

Un protagonista muy concreto de este tipo de fenómenos tanto en la Tierra como en Marte son los llamados "dust devils": se trata de fenómenos de tipo tornado relativamente pequeños, que son el resultado de el calentamiento diurno de la superficie en ambientes de muy baja humedad. En nuestro planeta, en las regiones áridas y semiáridas, este tipo de fenómenos son bien visibles cuando toman polvo y residuos y los elevan decenas o cientos de metros hacia el cielo. En cambio, cuando los dust devils tienen lugar sobre terrenos cubiertos por una cobertera vegetal suelen ser invisibles, ya que no pueden levantar polvo o material de la superficie, pero sí son perceptibles fácilmente, ya que originan vientos de hasta 100 Km/h. Por lo general, tales fenómenos no causan daños, aunque existen algunos casos documentados en los que algunos dust devils han producido desperfectos en edificios. Los mayores pueden tener vientos comparables a tornados pequeños.

Un simple dust devil puede levantar partículas de más de 4 milímetros de diámetro y puede asimismo ser el responsable del transporte de varios cientos de kilogramos de arena, polvo y otros residuos. En algunas regiones áridas de nuestro planeta se han llegado a observar diez fenómenos de este tipo en una hora, con lo que se estima que a veces podrían llegar a tener lugar varias decenas de estos pequeños tornados en un solo día y cientos en varias semanas, cantidades que sirven para ilustrar la importancia de los dust devils en lo referido a la erosión y el transporte.

Desde 1985 se sabe que existen dust devils en Marte: este es otro ejemplo que muestra que este planeta y el nuestro poséen ciertas similitudes.

Cómo se forma un dust devil

La Tierra apenas recibe calor directo (energía electromagnética térmica) del Sol. La mayor parte de la energía electromagnética originada en nuestra estrella y que alcanza la Tierra tiene la forma de intensa luz visible. Los materiales del planeta (roca, suelo, agua, hielo...) absorben luz visible, lo cual produce una excitación molecular y su posterior emisión térmica (en el infrarrojo). De este modo, la Tierra es calentada indirectamente por el Sol, ya que cuando la luz se absorbe cambia su frecuencia convirtiéndose en calor y posteriormente es reemitida a la atmósfera, con el consecuente efecto del calentamiento.

Apreciamos este proceso, por ejemplo, cuando caminamos por encima de las rocas, del asfalto, o del suelo expuesto a la luz intensa del Sol. Al emitir calor esta superficie, el aire que se encuentra inmediatamente sobre éste se calienta también. Este aire caliente tenderá a ascender, ya que cuanto más alto por encima de la superficie nos encontremos, más fresca será la temperatura. Las diferencias de temperatura causan la circulación del aire y producen efectos curiosos y conocidos, como los espejismos, fáciles de observar en los meses veraniegos.

El aire caliente tiende a elevarse a través del aire más frío tal como las burbujas ascienden en una botella abierta de agua con gas, provocando una zona muy localizada de bajas presiones: esto provoca que el aire que se encuentra próximo a esta zona de baja presión tienda a llenar el "hueco" dejado por la masa de aire caliente, empujándo aún más hacia arriba a dicha masa de aire cálido ascendente. Debido a las fuerzas de Coriolis [1], la masa de aire ascendente rota formando un vórtice; el hemisferio Norte de nuestro planeta gira en el sentido de las agujas del reloj y en el Sur ocurre lo opuesto. Si el ascenso del aire es muy rápido, dicha rotación también será muy veloz: ha nacido un dust devil.

En la Tierra, las condiciones meteorológicas ideales para que tenga lugar la formación de un dust devil son un día seco y bastante despejado como para que llegue suficiente luz solar a la superficie. En verano, si la humedad es baja, las temperaturas nocturnas son también muy bajas. Poco después del amanecer la superficie se comienza a calentar por acción de los rayos solares, con lo que se forma un gradiente térmico muy elevado: esto es, superficie cada vez más caliente y aire todavía fresco (no ha tenido tiempo a aumentar de temperatura). Cuanto mayor sea este gradiente, más rápidamente tendrá lugar la ascensión del calor de la superficie, lo cual propiciará la formación del dust devil.

La estación veraniega es la más propicia para que se formen dust devils, ya que la luz solar incide más directamente (perpendicularmente) sobre el terreno. Los terrenos áridos y semiáridos son ideales: el suelo y las rocas absorben luz solar, emitiendo calor de un modo más eficiente al que lo hace la vegetación (de hecho, ésta tiende realmente a enfriar el terreno). Así, cuando se inicia el día, la superficie se calienta debido a la intensa luz solar y el aire tibio asciende rápidamente, de tal modo que los dust devils tienden a formarse entre las 9:00 y las 10:00 de la mañana, hora local.


[1] La fuerza de Coriolis es una fuerza aparente producida debido a la rotación de la Tierra -o Marte, en su caso- que actúa sobre los objetos en movimiento. El efecto que esta produce es la desviación de los objetos en movimiento, corrientes oceánicas y atmosféricas, hacia la derecha en el hemisferio Norte y hacia la izquierda en el Sur. Esta fuerza es proporcional a la velocidad y latitud del objeto que se halle en movimiento: varía desde cero en el ecuador hasta un máximo en los polos.

Galería de imágenes de dust devils en la Tierra:


http://www.inflowimages.com/Photogallery/dustdevil/photogallerydd.asp

Dust devils en Marte

Las condiciones climatológicas y geográficas mencionadas anteriormente son típicas en muchos lugares del planeta Marte: la presión atmosférica es menos una centésima parte de la terrestre, apenas hay nubes, la humedad es extremadamente baja (especialmente lejos de las capas polares) y desde luego, no hay vegetación.

Debido a las bajísimas presiones atmosféricas en ese planeta, el gradiente térmico en el aire situado sobre la superficie es aún mayor: durante un experimento, la sonda Mars Pathfinder registró una temperatura de 16°C a 30 cm sobre la superficie y de -7° a 150 cm de altura. Debido a la ausencia de humedad, aunque la luz del Sol no es tan intensa como la que alcanza nuestro planeta -ya que Marte se halla más lejos del Sol que la Tierra-, sí tiene la energía suficiente como para calentar la superficie y generar dust devils. De hecho, estos tornados son incluso más comunes en el Planeta Rojo que en nuestro propio mundo.

La exploración del Planeta Rojo: a la búsqueda de dust devils.

Las primeras imágenes de Marte tomadas por sondas espaciales fueron obtenidas por las Mariner 4 (1964) y Mariners 6 y 7 (1969). Posteriormente, en 1971 se pondría en órbita en torno al planeta la Mariner 9, que realizará la primera cartografía global del Planeta Rojo. Ninguna de estas misiones pudo observar dust devils en la superficie marciana, debido a que no contaban con cámaras de suficiente resolución como para diferenciar objetos de ese tamaño. Sólo a partir de las Viking sería posible realizar estos estudios.

Las Viking eran un par de sondas gemelas consistentes en un orbitador y un lander o sonda de aterrizaje cada una. Los orbitadores obtuvieron imágenes de la superficie de Marte durante dos años marcianos completos, tiempo suficiente como para observar variaciones estacionales y también dust devils. Estas sondas adquirieron imágenes entre 1976 y 1980, identificándose varios dust devils en ellas.

Imágenes de Dust Devils tomados por las viking

Por su parte, las dos sondas de aterrizaje Viking permanecieron trabajando en la superficie durante varios años, llevando a cabo estudios de diversa naturaleza. Cada una de ellas estaba equipada con cámaras que podían tomar imágenes digitales de la superficie marciana, pero no contaban con suficiente resolución como para distinguir dust devils. Además, las cámaras de ambos landers no tomaban imágenes completas, sino que obtenían las fotografías pixel a pixel, de tal modo que resultaba imposible capturar objetos en movimiento como los dust devils. Habría que esperar 20 años hasta tener la siguiente oportunidad...

En 1997, la Mars Pathfinder aterrizó con éxito en la superficie del Planeta Rojo: esta conocida sonda contaba con un sistema de monitorización meteorológica que registraba la temperatura, presión atmosférica, y la dirección y velocidad del viento. Además, una cámara digital instalada a bordo podía obtener imágenes estereoscópicas: cada "ojo" de la cámara estereoscópica incluía una rueda con 12 filtros que cubrían longitudes de onda entre los 443 y los 1003 nanómetros. Uno de los componentes más destacados de la Pathfinder era el famoso rover Sojourner, un robot móvil capaz de tomar imágenes e identificar minerales en las rocas marcianas.

¿Era posible obtener imágenes de dust devils desde la Mars Pathfinder? Sabiendo que el cielo marciano es de un color rojizo debido a la presencia de polvo en suspensión, era de esperar que estos tornados tuviesen tambien un tono rojizo, lo cual no los haría precisamente muy fáciles de identificar contra el fondo. De todos modos, existía una cierta posibilidad: dos de los filtros en cada "ojo" de la sonda eran azul y rojo. Los científicos pensaban que los dust devils marcianos tendrían reflectancia más alta en el rojo -debido al color del polvo- que en el azul. De este modo, un dust devil debería aparecer bastante brillante observado a través de un filtro rojo y más oscuro a través de uno azul. Así, sabiendo esto, los investigadores diseñaron un tratamiento de imágenes digitales consistente en la substracción de la imagen en azul de la tomada con filtro rojo, permitiendo que se destacasen los dust devils contra el cielo de fondo.

Durante la misión Pathfinder, el instrumento dedicado a la obtención de datos meteorológicos registró varios eventos muy breves consistentes en un aumento de la velocidad del viento sumado a un descenso repentino de la temperatura y asociado a un cambio en la presión atmosférica. Una de las explicaciones más plausibles es que estos cambios meteorológicos estaban asociados al paso de un dust devil justo por encima del sensor de la sonda. El problema era que la cámara de la Pathfinder no podía confirmar esta hipótesis, ya que sus imágenes consistían en la combinación de tres colores (azul, verde y rojo). Para poder realizar una búsqueda, los científicos decidieron programar la toma de imágenes sólo en azul y rojo, de tal modo que se pudiesen confirmar las fluctuaciones del instrumento meteorológico.

Los investigadores recogieron posteriormente varios cientos de imágenes adquiridas entre las 11:00 a.m. y las 4:00 p.m (hora local marciana), usando estas horas como analogía terrestre. Aunque en un principio no se pudieron hallar dust devils en las tomas, un tratamiento mucho más detallado que incluía la substracción de ruido y artefactos de la imagen tendría éxito, consiguiéndose identificar un total de cinco dust devils. Era la primera vez que se fotografiaban estas formas desde la superficie marciana.

Imagen derecha: Imagen de dust devils a partir de tomas obtenidas con la sonda mars pathfinder

Los análisis de los datos de la cámara de la Pathfinder han mostrado que la cantidad de polvo en la atmósfera marciana es mayor durante la tarde en comparación con la mañana. La explicación más adecuada de esta fluctuación atmosférica diaria es la acción de los dust devils.

Parece ser que los dust devils son muy comunes en la superficie del Planeta Rojo: los orbitadores Viking tomaron imágenes de varios en sus cinco años principales de trabajo; la Pathfinder, en un corto intervalo de tiempo obtuvo cinco. De hecho, los investigadores piensan que estos fenómenos meteorológicos son la causa dominante en la removilización y transporte de polvo marciano. Las imágenes de otra sonda orbital, la Mars Global Surveyor, han ido confirmando esto poco a poco.

Gracias a su cámara MOC (o Mars Orbiter Camera) de alta resolución (1.4-12 m/pixel), la Mars Global Surveyor ha obtenido imágenes de grandes extensiones de terreno en la que se observan marcas lineales oscuras de entre 10 y 200 m de ancho que recorren la superficie sin dirección preferente, que a veces se cruzan y que además atraviesan terrenos de tipos muy distintos. Éstas fueron inicialmente asociadas a dust-devils, comprobándose posteriormente dicha hipótesis al capturarse en nuevas imágenes tornados activos formando este tipo de marcas.

Imágen izquierda: Marcas oscuras de Dust Devils sobre la superficie marciana

Debido a que la cámara de la MGS mira directamente hacia abajo, el dust devil aparece como una marca circular difusa que presenta una sombra lineal, lo cual indica su forma columnar. Otras veces su sombra es ligeramente curvada. Tras éste, suele dejar un rastro oscuro, debido a la removilización de polvo situado en la superficie marciana, permitiendo así ver la superficie presente bajo dicha capa de polvo.

En algunos casos, para sorpresa de los científicos, se han llegado a fotografiar dust devils con la cámara de campo ancho, lo cual significa que estas estructuras pueden llegar en ocasiones a ser enormes, ocupando el mismo área que un campo de futbol y alturas de hasta varios kilómetros.

Una imagen en detalle de un Dust Devil, con su sombra y rastro
Una imagen de un Dust Devil de paseo....

Misiones actuales

Las misiones que actualmente trabajan en la superficie marciana son las de los Mars Exploration Rovers Spirit y Opportunity. Spirit se encuentra en el interior de un gran cráter de impacto, el cráter Gusev, mientras que Opportunity se halla en la región de Meridiani Planum, una llanura arenosa. La detección de dust devils con la primera de estas dos sondas (Spirit) se realizó durante sol 420 (marzo de 2005), cuando las cámaras del vehículo pudieron fotografiar unos de estos fenómenos desplazándose a una distancia aproximada de 1100 metros del vehículo.

Las imágenes de la región de Gusev desde la órbita marciana mostraban muchas marcas oscuras en el terreno, consecuencia del paso de numerosos dust-devils por la superficie, pero ésta constituyó la primera vez que se observaba con cierto detalle un fenómeno de este tipo en acción. Comparando las diferentes imágenes del rover se ha podido deducir que los dust devils fotografiados se desplazaron unos 500 metros en los 155 segundos de tiempo entre que fueron fotografiados por las distintas cámaras de Spirit, lo cual equivale a una velocidad de 3 m/s.

Tornados

Un tornado (del latín tonare, ‘girar’) es un torbellino de viento fuerte, acompañado por una nube característica en forma de chimenea que desciende desde una nube cumulonimbo. En ocasiones se denomina ciclón.

Un tornado puede tener una anchura desde unos metros hasta casi un kilómetro en la zona de contacto con el suelo, con un promedio de algunos pocos cientos de metros. Puede penetrar poco en tierra o recorrer muchos kilómetros, causando grandes daños allí donde desciende.

La chimenea es visible por el polvo aspirado hacia arriba y por la condensación de gotitas de agua en el centro. El mismo proceso de condensación hace visibles los tornados marinos, en general más débiles, llamados trombas marinas, que ocurren con mayor frecuencia en las aguas tropicales. La mayoría de los tornados giran en el sentido de las agujas del reloj en el hemisferio sur, y al revés en el hemisferio norte pero, en ocasiones, los tornados pueden invertir esta conducta.

Las chimeneas están siempre asociadas con movimientos violentos en la atmósfera, incluyendo corrientes ascendentes fuertes y el paso de frentes. Los tornados se desarrollan en áreas de baja presión con vientos fuertes. La velocidad de los vientos de la propia chimenea puede superar los 480 km/h, aunque se han estimado velocidades superiores a 800 km/h en temporales muy violentos.

Los tornados son más comunes y frecuentes en las latitudes templadas, y suelen formarse al principio de la primavera. La estación de los tornados se retrasa al aumentar la latitud. La cantidad de tornados que se producen cada año varía mucho en una misma región.

Se han detectado posibles tornados en las atmósferas de los planetas gigantes gaseosos, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

El Papel de los Tornados Magnéticos en la Conservación de la Atmósfera de Mercurio

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Como el planeta más cercano al Sol, Mercurio es abrasadoramente caluroso, con temperaturas diurnas de 450 grados Celsius. Es también el planeta rocoso más pequeño, por lo que su gravedad es débil, de sólo cerca del 38 por ciento de la gravedad de la Tierra. Estas condiciones hacen que sea difícil que el planeta mantenga su atmósfera, la cual es extremadamente tenue, e invisible al ojo humano. Sin embargo, puede ser observada mediante instrumentos especiales incorporados a telescopios y a sondas espaciales como la MESSENGER.

La atmósfera de Mercurio es tan tenue que se habría desvanecido hace ya mucho tiempo si no fuese porque algo la reabastece, tal como señala James A. Slavin, del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, e investigador en la misión MESSENGER de la NASA a Mercurio.

Ese algo podría ser el viento solar, un gas muy tenue de partículas cargadas eléctricamente, conocido como plasma, el cual emana constantemente de la superficie del Sol. El viento solar se desplaza a una velocidad notable, por regla general de entre 400 y 600 kilómetros por segundo aproximadamente; lo bastante rápido como para arrancar átomos de la superficie de Mercurio cuando inciden sobre ésta.

Según Slavin, mediante un proceso especial, las partículas del viento solar que colisionan contra la superficie de Mercurio transfieren suficiente energía como para lanzar algunos átomos en trayectorias balísticas a gran altura por encima de la superficie y reabastecer así la atmósfera de Mercurio.

Sin embargo hay un problema: el campo magnético de Mercurio se interpone en el camino. El primer sobrevuelo de la MESSENGER, el 14 de Enero de 2008, confirmó que el planeta posee un campo magnético global, como detectó por vez primera la sonda espacial Mariner-10 durante sus sobrevuelos de exploración por el planeta en 1974 y 1975.

Los iones y electrones que componen el viento solar están cargados eléctricamente y "sienten" las fuerzas magnéticas; por eso un campo magnético global suele desviar al viento solar. Sin embargo, los campos magnéticos globales son escudos permeables, y bajo ciertas circunstancias desarrollan agujeros a través de los cuales puede pasar el viento solar.

Durante su segundo sobrevuelo al planeta, el 6 de Octubre de 2008, la MESSENGER descubrió que el campo magnético de Mercurio puede ser extremadamente permeable. La nave encontró "tornados" magnéticos, es decir conjuntos de campos magnéticos retorcidos que conectan el campo magnético planetario con el espacio interplanetario. Estos tornados magnéticos tenían 800 kilómetros de lado a lado, una tercera parte del radio del planeta.

Estos tornados se forman cuando los campos magnéticos transportados por el viento solar se conectan con el campo magnético de Mercurio. Conforme el viento solar atraviesa el campo magnético de Mercurio, estos campos magnéticos unidos son transportados con él y giran en estructuras semejantes a un vórtice. Estas estructuras promueven la formación de ventanas abiertas en el escudo magnético del planeta, a través de las cuales el viento solar puede entrar e impactar directamente contra la superficie de Mercurio.


¿Veremos tornados artificiales generando electricidad?

Casi todos sabemos que los tornados son impredecibles, incontrolables y peligrosos, pero un un ingeniero canadiense cree que podrían ser el futuro de la generación eléctrica. Su deseo es generar electricidad mediante tornados artificiales.

Louis Michaud, un ingeniero de prospecciones petrolíferas retirado que vive en Sarnia, Ontario, planea usar el calor residual de las plantas eléctricas convencionales para crear un “motor de remolino atmosférico“, es decir un pequeño y controlado tornado que pueda mover unas turbinas para generar electricidad. “Tengo confianza en que podremos controlar estos remolinos”, opina Michaud. También cree que se podría aprovechar el calor generado por el sol para crear tornados solares aprovechables.

Su último diseño es una pared circular de 200 metros de ancho y 100 metros de alto sin tejado. El aire que transportase el calor residual podría ser insuflado a su interior por respiraderos laterales, y comenzaría a girar alrededor de la pared creando un vórtice que se comportaría como un tornado real. Una vez iniciado, el remolino se elevaría dejando pasar a más aire caliente a través de los respiraderos de la pared, empujando las turbinas y generando electricidad.

Michaud calcula que un motor de vórtice de este tamaño crearía un tornado de unos 50 metros de díametro capaz de generar entre 50 y 500 MW de electricidad.

Patentó por primera vez su idea en 1975 y desde entonces ha continuado trabajando en el concepto, el diagrama superior data de su patente más reciente, la del año 2001.

Michaud ha realizado varios modelos operables para demostrar la viabilidad del concepto. Aquí mismo podéis ver un vídeo de uno de sus últimos prototipos (formato .mpg).

Una auditoría realizada por un consultor independiente de ingeniería, el señor Clam Bowman y sus colegas, concluyeron que la idea merece interés y más estudio. Pero para que eso suceda Michaud necesita financiación, por lo que su esperanza es llamar la atención de algún operador eléctrico.

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